El fracaso escolar

¿Cuándo hablamos de fracaso escolar?

Cuando un niño no es capaz de alcanzar el nivel de rendimiento medio esperado para su edad y nivel pedagógico, estamos hablando de fracaso escolar. Teniendo en cuenta que el principal criterio para evaluar el éxito o el fracaso son las calificaciones, este último suele traducirse en suspensos y, en muchos casos, en repetición de curso.

Es posible distinguir varios tipos de fracaso escolar:

  • Primario. Los problemas aparecen en los primeros años de la vida escolar del niño. Pueden solucionarse de forma espontánea o constituir la base de un fracaso académico permanente.
  • Secundario. La entrada en la adolescencia o algún acontecimiento puntual interfieren en el rendimiento, que, hasta ese momento, había sido bueno.
  • Circunstancial. Se trata de una situación transitoria y aislada.
  • Habitual. Los suspensos constituyen la tónica habitual desde el primer curso. A veces, los padres lo atribuyen a que el niño “es todavía pequeño” y no lo reconocen hasta pasados unos años.

Causas más comunes

Entre las causas que pueden originar un fracaso escolar destacan las siguientes:

  • Deficiencias orgánicas. Algunas alteraciones sensoriales como defectos en la visión o audición pueden ser el origen del problema cuando aún no han sido percatados por los padres o diagnosticados y tratados por el médico. Otras afecciones como tartamudez, estrabismo, cojera y obesidad, pueden generar sentimientos de inferioridad en el niño y contribuir a una pérdida de motivación para acudir a la escuela o atender a las lecciones cuando están en clase.
  • Problemas de aprendizaje. Los sufren niños que, aunque son inteligentes, no dominan las tareas escolares. La dislexia y el trastorno por déficit de atención con hiperactividad son los más habituales.
    • La dislexia incide notablemente en el fracaso escolar. A pesar de tener un nivel intelectual normal, los niños disléxicos no son capaces de establecer el mecanismo de la lectura. Este trastorno suele estar acompañado de una especial dificultad en la escritura denominada disortografía.
    • El trastorno por déficit de atención con hiperactividad se caracteriza por una capacidad de atención inferior a la que corresponde a la edad del niño que lo padece, con frecuencia asociada a una hiperactividad inapropiada y a una conducta impulsiva.
  • Factores afectivos o emocionales. Según algunos estudios, entre un 30% y un 50% de los fracasos escolares se deben a causas como las que citamos a continuación:
    • Problemas psicológicos: depresión, baja autoestima, ansiedad, etc.
    • El entorno familiar. Algunas situaciones especiales como la enfermedad o fallecimiento de un ser querido, la separación de los padres, un nuevo matrimonio de uno de ellos o el nacimiento de un hermano pueden influir notablemente en el desarrollo emocional del niño.
    • El estilo educativo de los padres. Tanto una severidad excesiva como un exceso de protección pueden producir una fuerte inseguridad en su hijo.
    • Desajustes en etapas clave como la adolescencia.
    • Una situación social desfavorable o marginal provocada, por ejemplo, por un bajo nivel de estudios de los padres.
    • Irregularidad en la asistencia o frecuentes cambios de colegio.
  • Factores pedagógicos. El papel educativo del colegio es indiscutible. El método de enseñanza del centro, las técnicas de estudio utilizadas y la actitud del profesor hacia el alumno tienen una directa relación con el éxito o el fracaso escolar.
  • Otros factores. Cuando están en casa, muchos niños pasan solos bastante tiempo y es fácil que, en lugar de estudiar, se dediquen a ver la televisión o a jugar en el ordenador.

¿Qué actitud deben tomar los padres ante los suspensos?

El fracaso escolar no sólo depende del colegio. Los padres son responsables de numerosos valores y hábitos que el niño adquiere durante el aprendizaje y para ayudarle deben abordar el problema de forma positiva. Es aconsejable, para ello, que adopten las siguientes pautas:

  • Escucharle y tratar de intuir, a través de sus mensajes, las razones por las que no estudia.
  • Tratar de darle responsabilidades en casa. La experiencia pedagógica demuestra que los alumnos que colaboran en determinadas tareas suelen tener más éxito en los estudios que aquellos que no lo hacen.
  • Ayudarle a hacer los deberes y enseñarle a organizar su tiempo.
  • Por supuesto, hablar con el profesor para conocer su visión sobre el rendimiento del niño y su comportamiento en clase.

¿Y qué es lo que no deben hacer?

Las siguientes conductas son tan frecuentes como ineficaces y perjudiciales:

  • Amenazar y castigar. Muchos padres, al recibir un informe académico desfavorable, reaccionan amenazando o castigando a su hijo. Estos no son los procedimientos más adecuados para averiguar las causas del fracaso y, si la escena se repite al llegar el informe siguiente, el estudiante se acostumbra a ella y no cambia de actitud.
  • Olvidarse del tema después del disgusto. A menudo, los padres no vuelven a preocuparse por las notas hasta la siguiente ocasión.
  • Humillarle. Expresiones como “eres un vago”, “nunca serás nadie en la vida” o “si yo hubiera tenido las mismas oportunidades que tú”, no suelen dar buenos resultados. Al contrario, generan una gran inseguridad en el niño.
  • Compararle desfavorablemente con otros hermanos o con sus amigos.

Cómo estimular al niño en el estudio

Los siguientes consejos pueden resultar muy útiles para predisponer al niño hacia el estudio y ayudarle a mejorar su rendimiento:

  • Establecer un horario y lugar. Transmitir al niño la importancia de planificar eficazmente el tiempo y cumplir el horario establecido. La regularidad y los factores ambientales influyen mucho en el rendimiento y en la concentración, por lo que el lugar de estudio debe ser siempre el mismo y reunir las siguientes características:
    • Tranquilo y alejado de estímulos que puedan distraerle.
    • Bien iluminado y correctamente ventilado.
    • El mobiliario ha de ser adecuado y cómodo.
    • El material debe estar muy ordenado y accesible.
  • Facilitarle técnicas básicas de estudio:
    • Lectura comprensiva del texto.
    • Subrayado de las ideas más importantes.
    • Elaboración de un esquema o resumen.
    • Retención o memorización de la información.
    • Reproducción de la información almacenada.
  • Motivarle adecuadamente mediante alguna recompensa, sobre todo con mensajes positivos ( no con recompensas materiales ni mucho menos con dulces) y nunca de forma gratuita. Es fundamental que el niño vea a sus padres interesados por los temas que está estudiando y no sólo por los resultados de su rendimiento.
  • Fomentarle, desde pequeño, el hábito de la lectura.