Después de Navidad, a muchas personas les pasa lo mismo: el cuerpo se acostumbra a horarios más laxos, a menos movimiento y a días con más sofá que pasos. Y cuando llega enero, aparece esa sensación de “tengo que volver”, con energía irregular y una motivación que no siempre acompaña.
Volver a moverse no debería sentirse como una penitencia. Suele funcionar mejor una vuelta gradual, con objetivos pequeños y realistas que ayuden a recuperar el hábito sin castigar el cuerpo a la primera semana.
Volver a entrenar no exige hacerlo perfecto, exige hacerlo sostenible
Una semana es suficiente para que el cuerpo se readapte y notes beneficios: movilidad, fuerza y energía. Después, podrás ir aumentando intensidad o duración según cómo te sientas.
- Empieza por lo que puedes repetir. Mejor 10 o 15 minutos que un plan ambicioso que se abandona al tercer día. Una caminata rápida, una sesión corta en casa o una vuelta suave en bici sirven para reactivar el cuerpo sin que el esfuerzo se dispare.
- Baja la exigencia y sube la constancia. En enero, la trampa suele estar en querer recuperar “lo perdido”. Volver poco a poco permite que músculos y articulaciones se adapten, y reduce el riesgo de agujetas fuertes o molestias que frenan antes de tiempo.
Alterna fuerza suave y movimiento ligero. No hace falta elegir entre cardio o fuerza. Combinar ambos, con ejercicios básicos y un ritmo cómodo, ayuda a recuperar tono y energía sin sobrecargar, y hace que el cuerpo responda mejor en pocos días.
Deja margen para ajustar sin sentir que “fallas”. Si un día hay poca energía o poco tiempo, recortar la sesión también cuenta. Mantener el gesto es lo que sostiene el hábito. La intensidad se puede subir más adelante, cuando el cuerpo ya pide un poco más.