Tras la vuelta de las vacaciones navideñas, las agendas se llenan de reuniones y el trabajo se vuelve cada vez más sedentario, la energía de los equipos tiende a bajar sin hacer ruido. No suele ser una cuestión de compromiso ni de motivación individual, sino de cómo se estructura el día a día. Pasar demasiadas horas seguidas sentados, con pocos cambios de ritmo, acaba pasando factura al rendimiento y al bienestar.
El movimiento también forma parte de una buena organización
En este contexto, integrar el movimiento en la jornada laboral se convierte en una palanca sencilla y eficaz para mejorar la energía de los equipos, sin añadir presión ni nuevas exigencias:
- Micro-movimiento para desbloquear el cuerpo. Pasar horas seguidas sentado genera rigidez, tensión cervical y fatiga muscular. Introducir micro-movimientos cada 60–90 minutos, como levantarse, estirar piernas y espalda, cambiar de postura, ayuda a reducir molestias físicas y a mantener una sensación de ligereza durante la jornada.
- Romper el sedentarismo de las reuniones. Alternar reuniones largas con encuentros más cortos, promover pausas entre citas o incluso incorporar formatos walking meeting cuando sea posible reduce la fatiga física y mental asociada a la agenda continua.
- Deporte compartido que crea hábitos. Apuntarse con compañeros a una actividad después del trabajo o salir a caminar en la pausa de mediodía, facilita mantener la constancia, refuerza las relaciones del equipo y convierte el deporte en un plan compartido, no en una obligación más.