Madrid

LA BRECHA ENTRE LAS POLÍTICAS DE BIENESTAR CORPORATIVO Y LA GESTIÓN REAL DEL CÁNCER EN EL ENTORNO LABORAL

4 de febrero, Día Internacional del Cáncer
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LA BRECHA ENTRE LAS POLÍTICAS DE B-IENESTAR CORPORATIVO Y LA GESTIÓN REAL DEL CÁNCER EN EL ENTORNO LABORAL

El cáncer ya no es una situación excepcional en el entorno laboral. Con una población activa cada vez más envejecida y una edad de jubilación cada vez más tardía, muchas personas reciben un diagnóstico oncológico sin dejar de formar parte del mercado laboral. Sin embargo, esta nueva realidad pone en manifiesto una brecha importante: la que existe entre las políticas de bienestar corporativo y la capacidad real de las organizaciones para gestionar una enfermedad grave, prolongada y con un fuerte impacto personal y profesional.

El cáncer también es una realidad laboral

Cada año se diagnostican en España más de 284.000 nuevos casos de cáncer, y aproximadamente el 38% corresponde a personas en edad laboral, entre los 18 y los 65 años. Esto significa que más de 107.000 personas reciben un diagnóstico oncológico mientras están activas profesionalmente, según datos del Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo (INSST) y la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC).

A esta realidad se suma un avance muy positivo, el progreso médico de los últimos años ha mejorado de forma notable el pronóstico de la enfermedad. Actualmente, la tasa de supervivencia a cinco años en población en edad laboral se sitúa entre el 66% y el 86%, lo que permite que cada vez más personas puedan retomar su actividad profesional tras superar un proceso oncológico.

Recuperarse no siempre significa volver en las mismas condiciones

Aunque la recuperación médica es cada vez más frecuente, no siempre va acompañada de una recuperación laboral real. Muchas personas no regresan en las mismas condiciones físicas, cognitivas o emocionales, ni encuentran estructuras laborales preparadas para acompañar este proceso.

De hecho, según la AECC, el riesgo de desempleo aumenta un 34% entre los supervivientes de cáncer en comparación con la población general, y un 28,4% afirma haber perdido o dejado su trabajo tras la enfermedad. Además, el Observatorio del Cáncer señala que cerca del 45% de los supervivientes percibe falta de apoyo o comprensión en su entorno profesional, y que aproximadamente la mitad ve limitadas sus oportunidades de desarrollo o progresión tras la enfermedad. Esta situación afecta de forma especialmente acusada a las mujeres.

4 medidas para reducir la brecha entre bienestar corporativo y realidad oncológica

Los expertos de Cigna Healthcare insisten en que no es suficiente con contar con políticas de bienestar genéricas. Es necesario desarrollar estrategias específicas, adaptadas a cada fase de la enfermedad y a sus efectos a medio y largo plazo: 

  1. Reincorporaciones progresivas. Volver al trabajo no debería entenderse como un regreso inmediato a la normalidad. Los procesos oncológicos implican avances y retrocesos, y los efectos físicos y cognitivos evolucionan con el tiempo. Diseñar planes de reincorporación gradual, revisar funciones y cargas de trabajo, y adaptar herramientas facilita una integración más sostenible y ayuda a mantener la trayectoria profesional.
  2. Apoyo psicológico y mentoría interna. Casi la mitad de las personas con cáncer percibe falta de comprensión en su entorno laboral. Contar con referentes internos formados, programas de mentoría y acceso continuado a apoyo psicológico corporativo reduce la ansiedad, el estrés y el aislamiento. 
  3. Actividad física adaptada. El ejercicio supervisado y las pausas activas personalizadas contribuyen a mejorar la fatiga, la función cognitiva y el bienestar emocional. Incorporar movimiento progresivo como parte de la recuperación laboral ayuda a recuperar capacidades funcionales y favorece una reincorporación más estable.
  4. Comunicación clara y respeto a la intimidad. Durante la reincorporación, muchas personas se enfrentan a preguntas constantes o a la necesidad de explicar su situación una y otra vez. Establecer pautas claras sobre qué compartir, con quién y cuándo protege la privacidad, reduce la carga emocional y permite centrar la atención en el trabajo y en la recuperación.