Madrid

SOLO EL 17% DE LOS ESPAÑOLES CALIFICA COMO BUENA SU SALUD FINANCIERA

Los primeros meses del año suelen ser un momento en el que todos ponemos un poco de orden en nuestras finanzas. Entre planificar gastos, ajustar presupuestos y pensar en cómo encajar pagos imprevistos, no es raro sentirse un poco abrumado.
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SOLO EL 17% DE LOS ESPAÑOLES CALIFICA COMO BUENA SU SALUD FINANCIERA

Una reorganización económica que, además de afectar a nuestra salud financiera, impacta también en nuestro bienestar emocional: cuando nos preocupa el dinero, la sensación de seguridad y equilibrio en la vida también puede verse afectada. 

Cuando la economía aprieta, el bienestar también se resiente

Esta situación cobra especial relevancia en un contexto en el que la percepción de la salud económica en España continúa deteriorándose. Según el Cigna Healthcare International Health Study, solo el 17 % de la población española considera que su situación financiera es buena, frente al 19 % del año anterior. Aunque la inflación se ha moderado, muchos hogares siguen sintiendo la presión en su día a día: el aumento del precio de la vivienda, los alquileres y los gastos de suministros y alimentación hacen que una parte creciente de los ingresos se destine a cubrir necesidades básicas, reduciendo la sensación de estabilidad y seguridad económica.

Y no se trata solo de números. Las dificultades para llegar a fin de mes, la incertidumbre sobre el futuro o el miedo a imprevistos afectan directamente a cómo las personas se sienten y afrontan su vida diaria. Datos de la Organización de Consumidores y Usuarios muestran que más de la mitad de la población ha experimentado algún problema relacionado con la salud mental, y que en muchos casos los problemas económicos son uno de los factores principales. Una realidad que coincide con las advertencias de la Organización Mundial de la Salud: determinadas condiciones sociales y económicas aumentan el riesgo de sufrir ansiedad, estrés o depresión.

6 maneras en que la preocupación por el dinero afecta a la salud

Ante este contexto, los expertos de Cigna Healthcare señalan algunos de los efectos más habituales que el estrés económico puede tener en nuestro organismo: 

  1. Cansancio mental constante. Pensar de forma constante en pagos, deudas o en cómo llegar a fin de mes mantiene la mente en un estado de preocupación continua. Este esfuerzo mental dificulta la concentración, complica incluso decisiones sencillas y provoca cansancio, aunque no haya habido esfuerzo físico. Con el tiempo, este agotamiento mental puede afectar al estado de ánimo, favoreciendo sentimientos de desánimo o apatía.
  2. Dificultad para regular emociones complejas. La incertidumbre económica suele aumentar la irritabilidad y el nerviosismo. Cuando la preocupación por el dinero está presente, es más fácil perder la paciencia y reaccionar de forma impulsiva ante situaciones cotidianas. Esto puede convertir pequeños desacuerdos en discusiones más frecuentes o intensas, afectando la convivencia, las relaciones de pareja, familiares o incluso el entorno laboral.
  3. Alteraciones del sueño como reflejo del estrés económico. Las preocupaciones económicas no siempre desaparecen al final del día. Dar vueltas por la noche pensando en facturas, gastos o imprevistos dificulta conciliar el sueño y provoca despertares frecuentes. Como resultado, el descanso no es reparador y al día siguiente aparecen mayor cansancio, falta de energía y menor capacidad para afrontar las exigencias diarias.
  4. Mayor tensión en el corazón y la presión arterial. El estrés prolongado mantiene al cuerpo en un estado de alerta casi constante, lo que puede aumentar la frecuencia cardiaca y mantener la presión arterial elevada durante más tiempo del recomendable. Con el tiempo, esta sobrecarga incrementa el riesgo de hipertensión crónica, arritmias y otras complicaciones cardiovasculares.
  5. Tensión muscular y cefaleas. La ansiedad sostenida suele generar tensión en cuello, hombros y espalda, provocando dolores musculares y de cabeza recurrentes. Cuando el cuerpo permanece en alerta prolongada, los músculos no se relajan adecuadamente, lo que disminuye el rendimiento cognitivo, aumenta el agotamiento y eleva la sensación de fatiga a lo largo del día.
  6. Alteraciones digestivas y desequilibrio en el eje intestino-cerebro. La inseguridad económica puede afectar el eje intestino-cerebro, un sistema clave para el equilibrio del organismo. Este desequilibrio se refleja en síntomas persistentes como dolor abdominal, alteraciones del tránsito, acidez o mayor riesgo de trastornos funcionales como el síndrome del intestino irritable, convirtiendo el malestar digestivo en un indicador temprano del impacto del estrés financiero.