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SEQUEDAD, IRRITACIÓN O CONJUNTIVITIS: POR QUÉ LOS PROBLEMAS OCULARES AUMENTAN DURANTE EL VERANO

El verano multiplica la exposición de los ojos a factores que pueden alterar su equilibrio natural.
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SEQUEDAD, IRRITACIÓN O CONJUNTIVITIS: POR QUÉ LOS PROBLEMAS OCULARES AUMENTAN DURANTE EL VERANO

El verano multiplica la exposición de los ojos a factores que pueden alterar su equilibrio natural. La radiación solar, el viento, la arena, el cloro, el agua del mar o el uso continuado del aire acondicionado favorecen la aparición de molestias como sequedad, irritación, conjuntivitis o infecciones. Aunque muchas de ellas comienzan con síntomas leves, como enrojecimiento, picor o sensación de arenilla, identificarlas a tiempo ayuda a evitar complicaciones.

¿Qué factores favorecen la aparición de problemas oculares?

Los problemas oculares más habituales del verano responden principalmente a dos tipos de exposición. La radiación ultravioleta puede producir un daño acumulativo en las estructuras del ojo y aumentar el riesgo de determinadas patologías a largo plazo. Además, las condiciones ambientales propias de esta época afectan directamente a la superficie ocular: el aire acondicionado, el calor y el viento favorecen la evaporación de la película lagrimal, mientras que el cloro, el agua salada o las cremas solares pueden irritar la conjuntiva. La arena y otras partículas en suspensión también pueden provocar pequeñas abrasiones en la córnea. 

Estas circunstancias pueden tener un mayor impacto en personas con síndrome de ojo seco, blefaritis u otras alteraciones previas, así como en quienes utilizan lentillas, especialmente si se bañan con ellas puestas. Adoptar medidas preventivas y prestar atención a las molestias persistentes puede ayudar a reducir el riesgo de complicaciones.

4 consejos para proteger la salud ocular durante el verano

Para reducir el riesgo de sequedad, irritación, conjuntivitis y otras molestias oculares durante esta época del año, los especialistas de Cigna Healthcare recomiendan seguir estas cuatro pautas:

  1. Reducir la sequedad ocular. Evitar que el aire acondicionado incida directamente sobre el rostro y mantener una temperatura moderada, entre 24 y 26 ºC, ayuda a limitar la evaporación de la película lagrimal. También conviene evitar diferencias bruscas entre el interior y el exterior, ventilar las estancias periódicamente, mantener una buena hidratación y utilizar lágrimas artificiales cuando hayan sido prescritas o recomendadas por un profesional.
     
  2. Prevenir la irritación y conjuntivitis. El uso de gafas de natación limita el contacto del ojo con el cloro y otros agentes presentes en el agua. Después de bañarse, es recomendable aclarar los ojos con agua dulce y evitar frotarlos si aparece escozor o enrojecimiento. En el caso de quienes utilizan lentillas, es preferible retirarlas antes de entrar en la piscina o en el mar para disminuir el riesgo de infecciones o irritaciones.
     
  3. Proteger la córnea frente al viento y la arena. Cuando haya viento o arena en suspensión, las gafas de sol envolventes ofrecen una barrera adicional frente a la entrada de partículas. Si entra un cuerpo extraño en el ojo, no hay que intentar retirarlo frotando, sino lavar la zona con abundante suero fisiológico o agua limpia. Si las molestias persisten, aumenta el dolor o aparece visión borrosa, conviene acudir a un profesional sanitario.
     
  4. Limitar el daño provocado por la radiación ultravioleta. Utilizar gafas de sol homologadas con filtro UV400 o capaces de bloquear el 100 % de la radiación UVA y UVB sigue siendo la medida más eficaz para reducir el daño acumulativo sobre los ojos. Esta protección puede reforzarse con gorras o sombreros de ala ancha y evitando exposiciones prolongadas durante las horas de mayor intensidad solar.