El estrés laboral no solo repercute en el bienestar emocional y en la capacidad de concentración; también influye directamente en lo que comemos a lo largo de la jornada.
Vivimos en la era del scroll infinito, donde estar “siempre conectados” parecía la norma. Pero muchos adolescentes están empezando a poner límites.
Este invierno, la actividad laboral en muchas empresas se ve afectada por algo más que los picos estacionales.
Los primeros meses del año suelen ser un momento en el que todos ponemos un poco de orden en nuestras finanzas. Entre planificar gastos, ajustar presupuestos y pensar en cómo encajar pagos imprevistos, no es raro sentirse un poco abrumado.
Después de épocas como las fiestas navideñas, en las que solemos relajarnos con la comida y bajamos un poco el ritmo de la actividad física, es normal que nos pongamos metas para el 2026: perder peso, “ponernos en forma” o hacer cambios rápidos en nuestra alimentación para sentirnos y vernos mejor.
Enero, con sus días más cortos y las responsabilidades acumuladas tras las fiestas, es un mes que puede afectar gravemente al estado de ánimo.
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Más allá del estrés o la fatiga, la inseguridad y la indecisión pueden paralizar la capacidad de tomar decisiones y minar la motivación profesional.